Jorge Cáceres

La poesía surrealista chilena ingresó a las ligas mayores gracias a un rayo luminoso llamado Jorge Cáceres: aún no cumple 15 años cuando el 12 de Julio de 1938 asiste a la primera manifestación pública de surrealismo chileno en la Casa Central de la Universidad de Chile. En ese lugar los talquinos Enrique Gómez Correa y Braulio Arenas junto a Teófilo Cid vienen a leer sus poemas y un manifiesto con el cual unen, sin ambigüedad, sus destinos al movimiento formado por André Bretón.
Deslumbrado y loco, envía enseguida un mensaje a los que él considera sus amigos. Llegaba así a la Mandrágora por deslumbramiento con una intuición y un instinto poético pocas veces visto durante la historia de Chile.
Pese a su corta existencia, fruto de una prematura y extraña muerte antes de cumplir los treinta años, el legado que nos deja es vasto: cuatro libros (René o la mecánica celeste, Pasada libre, Por el camino de la gran pirámide polar y Monumento a los pájaros) y un sinnúmero de colaboración en revistas y folletos. Tal vez su inclusión en la antología trece poetas chilenos editada por Hugo Zambelli en el año 1948 y su aparición póstuma en la selección antológica AGC de la Mandrágora, publicada en 1957, permitieron que la voz que habla de cuando la noche vino a descolgar sus senos en la ventana de la casa, se mantenga flameando en lo alto de las montañas.
Su poesía lúcida y fosforescente es prácticamente desconocida por un público lector más amplio, pero esto se debe, en gran medida, a que sus publicaciones son físicamente inhallables y sus versos incorporan nutridas imágenes oníricas.